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jueves, 22 de noviembre de 2007

La resistencia iraquí envía un mensaje a los soldados estadounidenses


Nota de Workers World:

Abu Mohammed, firmante del mensaje que reproducimos a continuación, es el portavoz tanto del Partido del Baaz reconstituido tras la invasión como de la nueva coalición que compone la resistencia iraquí y cuya formación se anunció el pasado 2 de octubre. El 25 de octubre, Workers World publicó una entrevista en inglés (disponible también en español) con Abu Mohammed. Existen otras coaliciones en la resistencia iraquí que también agrupan a miles combatientes. Este nuevo mensaje reconoce que el rechazo a la ocupación entre las tropas estadounidenses se acrecienta. Workers World ha tenido conocimiento de un mensaje similar difundido por la organización conocida como Brigadas de 1920, que pertenece a una coalición distinta.

A todos los oficiales del ejército estadounidense y a los hombres y mujeres que están destinados en Iraq:

Ahora ya sois conscientes de que todo lo que vuestro presidente y sus asesores os dijeron antes de empujaros al infierno iraquí es una mentira demostrada:

-Iraq no tuvo ninguna relación con los ataques terroristas del 11 de septiembre.

-Iraq no tenía armas de destrucción masiva.

-Iraq no quería perjudicar a los ciudadanos estadounidenses ni sus intereses.

Cuando vinisteis como invasores, la población iraquí no os recibió con flores y caramelos sino con balas y bombas. Vuestro combate en Iraq no ha sido tan fácil ni tan corto sino una larga, sangrienta y costosa pesadilla. Muchos de vuestros compañeros han sido devueltos a sus familiares en féretros o en sillas de ruedas o con enfermedades o problemas mentales.

¿Por qué lucháis?, ¿por qué hacéis estos sacrificios y os enfrentáis a tantos sufrimientos? ¿Para mantener en sus despachos a Bush, Cheney, Rice y a su partido de la guerra? ¿Para ayudar a que las grandes empresas estadounidenses como Halliburton (dirigida con anterioridad por vuestro vicepresidente Richard Cheney) obtengan miles de millones de dólares en beneficios? ¿Para continuar la batalla hasta que se os expulse de Iraq tras una humillante derrota?

Nosotros, mujahideen (combatientes por la libertad) iraquíes no tenemos disputas con los estadounidenses. No odiamos a los estadounidenses pero seguiremos combatiendoos —en tanto que invasores y ocupantes de nuestra tierra— hasta que derrotemos a vuestro ejército y a los mercenarios. Os obligaremos a repetir la humillación de la desesperada escapada de la Embajada estadounidense en Saigón. Por todo esto os pido:

-Acabad con vuestra participación en esta vergonzosa y perdida guerra.

-Dejad vuestras armas y marchaos.

-No disparéis contra los combatientes iraquíes por la libertad ni contra la población iraquí.

-Manifestaos contra esta guerra vergonzosa y sangrienta.

-Rechazad las órdenes de vuestros mandos criminales de asesinar iraquíes.

-Escapad para salvar vuestra vida.

Nosotros, mujahideen iraquíes, estaremos muy pronto en vuestra unidad. No tenéis escapatoria salvo la capitulación.

Os prometemos salvar vuestras vidas y ayudaros a regresar a vuestros hogares junto a vuestras familias.

Abu Muhammed

Representante político del Partido Baaz y del Frente Nacional Iraquí Pan-Árabe e Islámico.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Jimmy Massey, ex marine que luchó en Iraq: “He sido un asesino psicópata”

Durante casi 12 años el sargento Jimmy Massey fue un marine de corazón duro. En marzo del 2003, llegó a Iraq con las tropas invasoras y dirigió a 45 hombres que no dudaron en matar a civiles inocentes. En estos días, Massey participa en la Feria del Libro de Caracas, donde presenta su libro Cowboys de Infierno, un crudo testimonio del genocidio que EE.UU. comete contra el pueblo iraquí

“Tengo 32 años y soy un asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mí los civiles son despreciables, retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy su perro pastor. Soy un depredador. En el Ejército me llamaban ‘Jimmy el Tiburón’.”

Este es el segundo párrafo del libro escrito hace tres años por Jimmy Massey, con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, que se está presentando en la Feria del Libro de Caracas. Cowboys de Infierno es el relato más violento que se haya escrito hasta ahora de la experiencia de un ex miembro del Cuerpo de Marines, uno de los primeros en llegar a Iraq durante la invasión del 2003 y que decidido a contar todas las veces que sean necesarias qué significa haber sido por 12 años un despiadado marine y por qué lo cambió la guerra.

Jimmy asiste como panelista al taller principal de la Feria, que tiene un título polémico: “Estados Unidos, la Revolución posible”, y su testimonio ha sido quizás el de mayor impacto en la audiencia. Lleva el pelo con un corte militar, espejuelos oscuros, camina con aires marciales y sus brazos están completamente tatuados. Parece exactamente lo que era: un marine. Cuando habla es otra cosa: alguien profundamente marcado por una aterradora experiencia que intenta evitarle a otros jóvenes incautos. Como asegura en su libro, no ha sido el único que mató en Iraq: esta fue una práctica constante entre sus compañeros. Cuatro años después de dejar la guerra, todavía vive perseguido por las pesadillas.

-¿Qué significan todos esos tatuajes?

-Tengo muchos. Me los hice en el Ejército. En la mano (señala la zona entre los dedos pulgar y anular), el logo de Blackwater, el ejército mercenario que fue fundado donde yo nací, en Carolina del Norte. Me lo hice en un acto de resistencia, porque los marines tienen prohibido tatuarse la zona que va de las muñecas a las manos. Un día los integrantes de mi pelotón nos emborrachamos y todos nos hicimos el mismo tatuaje: un cowboy de ojos inyectados en sangre sobre varias ases, que representan la muerte. Quiere decir exactamente eso que estás pensando: “mataste a alguien”. En el brazo derecho, el símbolo de los marines, con la bandera norteamericana y la Texas, donde me enrolé en el Ejército. En el pecho, del lado izquierdo, un dragón chino que desgarra la piel y significa que el dolor es la debilidad escapándose del cuerpo. Lo que no nos mata nos hace más fuerte.

-¿Por qué dijo que en el Cuerpo de Marines encontró las peores personas que usted ha conocido en su vida?

-Estados Unidos solo tiene dos maneras de usar a los marines: para tareas humanitarias y para asesinar. En los 12 años que yo pasé en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos jamás participé en misiones humanitarias.

-Antes de ir a Iraq usted reclutaba a jóvenes para que ingresaran en el Ejército. ¿Qué significa ser un reclutador en Estados Unidos?

-Ser un mentiroso. La administración Bush ha forzado a la juventud norteamericana para que se enrole en el Ejército y lo que básicamente hace –y yo hice también- es tratar de ganar gente con incentivos económicos. Durante tres años recluté a 74 personas, que nunca me dijeron que querían entrar en el Ejército para defender al país ni argumentaron ninguna razón patriótica. Querían recibir dinero para ir a una universidad u obtener un seguro de salud. Y yo les describía primero todas esas ventajas y solo al final les hablaba de que iban a servir a la patria. Jamás recluté al hijo de un rico. Para mantener el trabajo, los reclutadores no podíamos tener escrúpulos.

-Ahora el Pentágono ha relajado más los requisitos para entrar al Ejército. ¿Qué significa eso?

-Los estándares para el reclutamiento han descendido enormemente, porque casi nadie quiere enrolarse. Ya no es un impedimento tener problemas mentales ni antecedentes criminales. Pueden ingresar personas que han cometido felonías, es decir que han sido sentenciadas a más de un año de cárcel, lo que se considera un delito serio. Pueden ingresar muchachos que no han terminado los estudios preuniversitarios. Si pasan la prueba mental, ingresan.

-Usted cambió después de la guerra, pero ¿qué sentimientos tenía antes?

-Yo era como otro soldado cualquiera, que creía en lo que le decían. Sin embargo, desde que estaba reclutando comencé a sentirme mal: como reclutador tenía que mentir todo el tiempo.

-Sin embargo, creyó que su país se enrolaba en una guerra justa contra Iraq.

-Sí. Los reportes de inteligencia que recibíamos decían que Saddan tenía armas de destrucción masiva. Después descubrimos que todo era mentira.

-¿Cuándo se enteró que lo habían engañado?

-En Iraq, a donde llegué en marzo de 2003. A mi pelotón le tocó ir a los lugares que habían sido del Ejército iraquí y vimos miles y miles de municiones en cajas que llevaban la etiqueta norteamericana y estaban ahí desde que los Estados Unidos ayudaban al gobierno de Saddan en guerra contra Irán. Vi cajas con la bandera norteamericana y hasta tanques de EE.UU. Mis marines –yo era sargento de categoría E6, un rango superior al sargento, y dirigía a 45 marines- me preguntaban por qué había municiones de nuestro país en Iraq. No entendían. Los informes de la CIA afirmaban que Salmon Pac era un campo de terroristas y que íbamos a encontrar armas químicas y biológicas. No encontramos nada. En ese momento empecé a pensar que nuestra misión realmente era el petróleo.

-Las líneas más perturbadoras de su libro son esas donde usted se reconoce como asesino psicópata. ¿Puede explicar por qué lo dice?

-He sido un asesino psicópata porque me entrenaron para matar. No nací con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantería de Marina quien me educó para que fuera un gangster de las corporaciones estadounidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que él pidiera, sin reparar en ninguna consideración moral. Yo era un psicópata porque nos ensañaron a disparar primero y a preguntar después, como lo haría un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si había que matar a mujeres y a niños, lo hacíamos. Por tanto, no éramos soldados, sino mercenarios.

-¿Qué experiencia exactamente le hizo a usted llegar a esa conclusión?

Hubo varias. Nuestro trabajo era ir a determinadas áreas de las ciudades y ocuparnos de la seguridad en las carreteras. Hubo un incidente en particular -y muchos más- que realmente me llevó hasta el borde del precipicio. Afectó a un coche que llevaba civiles iraquíes. Todos los informes de inteligencia que nos llegaban decían que los carros iban cargados con bombas y explosivos. Esa era la información que recibíamos de la inteligencia. Los carros llegaban a nuestros controles y hacíamos algunos disparos de advertencia; cuando no detenían su marcha a la velocidad que indicábamos, disparábamos sin contemplaciones.

-¿Con las ametralladoras?

-Sí. Esperábamos que hubiera explosiones al acribillar cada vehículo. Pero nunca oímos nada. Luego abríamos el carro y ¿qué encontrábamos?: muertos o heridos, y ni una sola arma, ninguna propaganda de Al Qaeda, nada. Salvo civiles en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

-Usted también relata cómo su pelotón ametralló una manifestación pacífica. ¿Es así?

-Sí. En los alrededores del Complejo Militar de Rasheed, al sur de Bagdad, cerca del río Tigris. Había manifestantes al final de la calle. Eran jóvenes y no tenían armas. Y cuando avanzamos había ya un tanque que estaba aparcado a un lado de la calle. El conductor del tanque nos dijo que eran manifestantes pacíficos. Si los iraquíes hubieran querido hacer algo podían haber volado el tanque. Pero no lo hicieron. Sólo estaban manifestándose. Eso nos hizo sentirnos bien porque pensamos: "Si fueran a dispararnos, lo habrían hecho ya". Ellos estaban como a 200 metros de nuestro retén.
-¿Quién dio la orden de ametrallar a los manifestantes?

-Del alto mando nos dijeron que no perdiéramos de vista a los civiles porque muchos fedayines (combatientes) de la Guardia Republicana se habían quitado los uniformes, se habían puesto ropas de civiles y estaban desencadenando ataques terroristas contra los soldados estadounidenses. Los informes de inteligencia que nos daban eran conocidos básicamente por cada miembro de la cadena de mando. Todos los marines teníamos muy clara la estructura de la cadena de mando que se organizó en Iraq. Yo creo que la orden de disparar a los manifestantes vino de altos funcionarios de la Administración, eso incluía tanto a los centros de inteligencia militar como gubernamental.


-¿Usted qué hizo?

-Yo regresé a mi vehículo, un humvee (un jeep altamente equipado) y escuché un tiro por encima de mi cabeza. Mis marines empezaron a disparar y yo también. No nos devolvieron ningún disparado, mientras que yo había disparado 12 veces.

Quise asegurarme de que habíamos matado según las normas de combate de la convención de Ginebra y los procedimientos operativos reglamentarios. Intenté olvidarme de sus caras y busqué las armas, pero no había ninguna.

-¿Y sus superiores cómo reaccionaron?

-Me dijeron que “la mierda ocurre”.

-Cuando sus compañeros se enteraron que habían sido engañados, ¿cómo reaccionaron?

-Yo era segundo en el mando. Mis marines me preguntaban por qué estábamos matando a tantos civiles. “¿Tú puedes hablar con el teniente?”, me preguntaron. “Diles que tiene que haber retenes adecuados, preparados por los ingenieros de combate”. La respuesta fue: “No”. En el momento en que los marines descubrieron que era una gran mentira, enloquecieron más.

Nuestra primera misión en Iraq no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Iraq, estuvimos en Kuwait. Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitan le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios.

-Usted también ha denunciado el uso del uranio empobrecido

-Tengo 35 años y sólo conservo el 80 por ciento de mi capacidad pulmonar. Me han diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral, fatiga crónica y dolor en los tendones. Antes, todos los días corría 10 kilómetros por puro placer, y ahora solo puedo caminar entre 5 y 6 km todos los días. Tengo temor de tener niños por eso. Mi cara está inflamada. Mira esta foto (me muestra la imagen que aparece en la credencial de la Feria del Libro), me la tomaron poco después de regresar de Iraq. Parezco un Frankenstein. Todo eso se lo debo al uranio empobrecido, ahora imagínate lo que estará pasando con la gente en Iraq.

-¿Qué ocurrió cuando regresó a Estados Unidos?

-Me trataron como un loco, un cobarde, un traidor.

-Sus superiores han dicho que es mentira todo lo que ha contado.

-La evidencia contra ellos es abrumadora. El Ejército norteamericano esta agotado. Mientras más tiempo dure esta guerra, más posibilidades habrá de que mi verdad aparezca.

-El libro que usted ha presentado en Venezuela está editado en español y en francés. ¿Por qué no se ha publicado en Estados Unidos?

-Las editoriales han exigido que elimine los nombres reales de las personas que están involucradas en su historia y que presente la guerra en Iraq como envuelta en una neblina, menos crudamente. No estoy dispuesto a hacerlo. Editoriales como New Press, supuestamente de izquierda, se negaron a publicarlo porque temían verse envueltas en un pleito presentado por la gente involucrada en el libro.

-¿Por qué medios como The New York Times y The Washington Post jamás reprodujeron su testimonio?

- Yo no repetía el cuento oficial, de que las tropas estaban en Iraq para ayudar al pueblo, ni repetía que los civiles morían por accidente. Me negué a decir eso. No había visto ningún disparo accidental contra los iraquíes y me negué a mentir.

-¿Ha cambiado esa actitud?

-No. Lo que han hecho es incorporar opiniones y libros de personas con objeciones de conciencia: que están contra la guerra en general o que participaron en la guerra, pero no tuvieron este tipo de experiencia. Se resisten todavía a mirar de frente la realidad.

-¿Tiene fotografías o documentos que prueben lo que usted nos ha contado?

-No. Me quitaron todas mis pertenencias, cuando me ordenaron regresar a Estados Unidos. Regresé de Iraq solo con dos armas: mi mente y un cuchillo.

-¿Habrá alguna salida a corto plazo para la guerra?

-No. Lo que veo es una misma política entre demócratas y republicanos. Son la misma cosa. La guerra es un negocio para ambos partidos, que dependen del Complejo Militar Industrial. Necesitamos un tercer partido.

-¿Cuál?

-El del socialismo.

-Usted ha participado en un taller cuyo título es “Estados Unidos: La Revolución es posible”. ¿Cree que realmente que habrá revolución en EE.UU.?

-Ya comenzó. En el sur, donde yo nací.

-Pero esa ha sido tradicionalmente la zona más conservadora del país.

-Después del Katrina eso cambió. Nueva Orleáns se parece a Bagdad. La gente del sur está indignada y se pregunta todos los días cómo es posible que se atrevan a invertir en una guerra inútil y en Bagdad, cuando no lo han hecho en Nueva Orleans. Recuerda también que en el Sur se inició la primera gran rebelión del país.

-¿Iría usted a Cuba?

-Admiro a Fidel y al pueblo de Cuba y por supuesto, si me invitan, yo iré a la Isla. No me importa qué me diga mi gobierno. Nadie controla a dónde yo voy.

-¿Sabe usted que el símbolo del desprecio imperial hacia nuestra nación es una fotografía de marines mientrs orinaban sobre la estatua de José Martí, el Héroe de nuestra Independencia?

-Si, lo sé. En el Cuerpo de Marines nos hablaban de Cuba como una colonia de los Estados Unidos y nos ensañaron algo de Historia. Parte de la formación de un marine es aprender algunas cosas de los países que habrá que invadir, como dice la canción.

-¿La canción de los marines?

-(Canta) From the halls of Montezuma, to the shores of Tripoli… (Desde las salas de Montezuma hasta las playas de Trípoli...)

-Es decir, los marines quieren estar en todo el mundo.

-El sueño es dominar al mundo…, aunque por el camino nos conviertan a todos en asesinos.

………………

Jimmy Massey es actualmente uno de los principales activistas de la organización Veteranos de Iraq contra la guerra (Iraq Veterans Against the War, IVAW)

domingo, 4 de noviembre de 2007

Blackwater: el mayor ejército de mercenarios al descubierto

Los últimos ataques de mercenarios de la empresa de seguridad estadounidense Blackwater en la capital iraquí no fueron los primeros y muchos analistas creen que no serán los últimos.

Se llaman Blackwater, disponen de 20 aviones de guerra y más de 20.000 soldados y son algo asi como la guardia pretoriana de Bush en su guerra contra el terrorismo. Es al menos lo que asegura el periodista Jeremy Scahill, de The Nation, que les ha investigado y ha publicado sus hallazgos y desvelado muchos de sus secretos en el libro “Blackwater: el nacimiento del ejercito de mercenarios más poderoso del mundo”. En su página web Blackwater asegura ser “la más completa compañia de militares profesionales para tareas de refuerzo de la ley, seguridad, pacificacion y operaciones de estabilidad, en todo el mundo”. Y dan multitud de detalles de sus entrenamientos -incluso con videos y explicaciones de las practicas de tiro-, información sobre sus flotas y hasta se puede descargar el impreso de inscripción como mercenario.

Hasta el 31 de marzo del 2004, esta organizacion era totalmente desconocida para el gran público.Pero cuatro de sus miembros fueron capturados en una emboscada en Faluya y linchados por la multitud que luego quemó sus cuerpos y los colgó de un puente. Las imágenes de este incidente, además de escandalizar a la opinión pública, revelaron al mundo que existían contratistas militares privados operando en Irak.

De hecho Blackwater es ahora uno de los actores más poderosos de todos los que participan en esta guerra. Pero al ser una milicia privada, la administración Bush queda politicamente a resguardo de sus actos… y de sus bajas. Según Scahill en Irak han muerto unos 780 contratistas militares privados, pero no están incluidos en las listas oficiales de muertos americanos. Así que ni reciben asistencia médica a cargo del Pentágono… ni tampoco nadie controla sus excesos.

Algunos congresistas han mostrado su preocupación por la existencia de estos ejercitos de mercenarios de los que resulta imposible averiguar nada.Pero además de estar en Irak y Afganistan, Blackwater también está operando en suelo americano. De hecho después del huracán Katrina, Jeremy Scahill asegura haberles visto allí y cuando les preguntó cual era su misión, le respondieron que “luchaban contra el crimen y el pillaje”.

En Youtube circula un vídeo que muestra a un supuesto francotirador de Blackwater enfrentándose a la insurgencia iraquí en la misma zona en la que estaban las fuerzas españolas:


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